abril 4

Tú ya estás iluminado

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El cuerpo humano es el traje que escogió la luz para ocultarse de sí y jugar al placer de encontrarse nuevamente, a través de ti. Pero hay tanta luz en el universo, como un manantial eterno de luz que necesita más y más formas materiales para poder ocultarse en ellas y re-encontrase nuevamente. La luz llama a más luz a jugar al encuentro. Se invoca a sí misma y se atrae a sí misma con gravedad, impulsando la unión de la materia para hacerse nacer de nuevo. La pulsación del universo viene dada por la luz buscándose a sí misma. Es tu propia luz la que brilla a través de los ojos de tus maestros, -llámense, hijos, amigos, amados, chamanes, estrellas, flores, ríos, gurus- y al encontrarse se refleja y se expande espejeando su resplandor. La luz del Ser brilla en las gotas de agua a pesar de su transparencia, en cada color de la naturaleza con una frecuencia distinta, en cada estrella del firmamento, de manera muy evidente en el sol y muy poderosamente a través de los ojos humanos que pueden ser conscientes de ella.
A veces pienso que los ojos son el punto de encuentro del Ser. Los ojos son el cielo porque cuando nos miramos la luz se refleja como un espejo frente al otro perpetuándose hasta el infinito. Es toda la misma luz que el mundo de las formas oculta. Esta luz brilla en tu interior y su más pura expresión es proyectada a través de las ventanas de tu cuerpo material: los ojos. Subyace a todas las formas y está en constante e infinito proceso de encuentro.
“Estás tan iluminado como aquellos que te rodean” me dice mi maestra y amiga Susana García citando a su maestro Duglas Brooks. Frase que me encanta escuchar sobre todo cuando estoy a su lado.
El concepto de iluminación como algo que está “por ocurrir” es un error. La luz ya es. Así como subyace en el vacío de cada átomo, la luz habita plenamente este cuerpo mío que escribe y ese cuerpo tuyo que lee, brillando a través de ambos. Ya estás iluminado porque, en esencia, eres luz. La iluminación no es algo que le ocurre a los santos o a los maestros. La iluminación no es algo que nos está esperando ni es algo que podemos desarrollar, buscar o anhelar. La iluminación es la razón por la cual existes en este momento. Dentro de ti está la luz, plena de dicha porque tu cuerpo le permite ser. Lo que le ocurre a los santos y maestros cuando supuestamente se “iluminan” es que la fuerza del amor les hizo no temer la luz y pudieron abrir sus ojos para verla dentro de ellos.
Aunque digo “sus ojos” me refiero a su “tercer” ojo, que existe en el entrecejo y se desarrolla como si fuese un músculo, primero reconociéndolo y luego usándolo. Los ojos físicos, a pesar de ser ventanas que reflejan la luz interior no están diseñado para ver este tipo de luz: los cegaría. Por eso, la refulgencia del Ser solo se ve con los ojos cerrados y hacia adentro. Y luego, toda la luz que vemos fuera de nosotros la reconoceremos como reflejo de esta luz interior.
En lugar de pensar que algún día vas a iluminarte, reconoce que ya estás iluminado porque de lo contrario no existirías. Estás iluminado desde el día en que tu mamá te “dio a Luz”. Una vez que te abras a esta posibilidad, la de ser iluminado, emprende la tarea continua de actuar en concordancia con eso. De esta manera te alineas con la luz y tu proceso de auto descubrimiento viajará a esta velocidad. Sonrío al pensar en la velocidad de la luz, porque la luz ya es. Viajar implica dejar de ser en un lugar para ser en otro. Lo cual no ocurre con la luz que está en todo. Fuera del espacio-tiempo. Dentro de ti.
Me alegra haberlo descubierto. Manantiales de luz brotaron en forma de risas y lágrimas, a través de mi boca y mis ojos. Mi corazón se abrió tanto que amé todo y me sentí honrada de que el todo me hiciera parte de él. Una nueva fuerza habita en mi interior, la de saberme “iluminada” y mi gratitud es constante. Amo con más intensidad las cosas que ya amaba y considero que esta vida humana es lo mejor que puede pasar en este universo. Semillas de luz brotan a través de mis palabras para germinar en la tierra fértil de tu mente. El universo también lo sabe y está en una carcajada eterna. Para muestra una cascada.


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