mayo 11

Cómo y por qué crear bases sólidas y enraizadas en tu práctica de yoga

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Por lo general, damos poca atención a nuestras bases, especialmente a nuestros pies. ¿Quizás porque son la parte más alejada de la mente y el corazón? Independientemente de la respuesta, pasamos por alto la sustentación interminable que nos regalan nuestros pies y piernas.

Una buena base de sustentación del cuerpo en las posturas te aporta cualidades importantes para la ejecución de las mismas, como la estabilidad, la seguridad y confianza. De esta forma, te darás cuenta más claramente de tu propia fuerza sólidamente anclada en la tierra, irradiando firmeza y abundancia desde tu propio ser.

Para empezar a construir una base de anclaje firme a la tierra de forma que, a partir de ahí, puedas explorar la expansión de tu cuerpo, iniciamos con la consciencia de la planta de los pies al suelo. Imagina 3 puntos de apoyo en la planta de los pies, los dos puntos frontales, con la base del dedo gordo y la base del dedo meñique, y el tercero en el medio del talón, configurándose así la bóveda plantar, cuya función es generar y complementar los movimientos que están destinados para cada músculo, y además lograr una mejor distribución de la carga.

A partir de la consciencia de la solidez de tu base, puedes establecer una relación de intercambio de energías con la tierra, un diálogo dinámico en este contacto, cuyos beneficios se verán impresos en la calidad de toda tu postura, en cómo de activo y conectado tu cuerpo se encontrará a cada construcción de las asanas.

Al hablar de enraizamiento, directamente asociamos la conexión de los pies echando raíces para estabilizarnos. En este sentido las posturas de pie, como Virabhadrasa II o Uttita Trikonasana, protagonizan el escenario del concepto del anclaje. Cuando pies, piernas y caderas están firmes y estables se puede experimentar una profunda expansión de todos los músculos y articulaciones del cuerpo desde las raíces, con más posibilidad de mantener la mente concentrada y estable.

Similar a las posturas de pie, las posturas de equilibrio, como Virabhadrasana III o Ardha Chandrasana, te aportan condiciones para anclarte a través de la planta de los pies, pero con un añadido desafiante, el mantenimiento del equilibrio a través de la concentración detenida y serena de la mente y cuerpo. Ya en relación a las posturas sentadas, la idea de enraizamiento proviene desde el chakra raíz, Muladhara, a través del suelo pélvico y de la apertura de esta zona, generando un sentido de estabilidad y expansión desde la base de la espina dorsal. Cuando hablamos de equilibrio de brazos, con las manos en el suelo como puntos de apoyo, el anclaje viene desde la palma de las manos y de la consciente activación de las mismas al suelo, generando solidez desde el contacto establecido con la tierra.

Independientemente de la postura es necesario tener bases fuertes y sólidas, como raíces profundas de un árbol gigante, para poder expandir el cuerpo con seguridad, para expandir las ramas hacia todas las direcciones. Si trasladamos este concepto a nuestra realidad vital, tiene que ver con nuestra actitud en la vida, esa base de confianza que debemos tener en nosotros mismos para enfrentar nuestras inseguridades y miedos a la hora de tomar decisiones y poder expandir el corazón y la mente como seres personales y sociales.


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